CARS 3: DE VUELTA A LAS PISTAS

 Cars (2006) fue uno de los mayores éxitos de Pixar y dio lugar a una inferior secuela en 2011.  Justo después de varios de los más inspirados largometrajes de animación de la compañía, como “Ratatouille” (2007), “Wall-E” (2008) , “Up” (2009) y “Toy Story 3” (2010). Ahora Pixar, siempre en asociación con Walt Disney Pictures, ha estrenado “Cars 3” con la intención de refundar la franquicia. Y seguramente lo va a lograr.

Han pasado algunos años desde la película inicial y Rayo McQueen ya no es el mismo, es decir,  no tiene la velocidad competitiva de otros tiempos. Además, le ha salido al paso un contrincante más joven y rápido, el arrogante Jackson Storm. Tras perder una importante carrera frente a este, McQueen no tendrá más remedio que recurrir a viejos amigos de su extinto mentor Doc Hudson para prepararse acuciosamente y volver recargado. El Rayo contará también con la estrecha colaboración de la juvenil aspirante a corredora Cruz Ramírez y su mejor amigo, el oxidado Mate.

El realizador Brian Fee, experimentado técnico de arte y animación de Pixar que debuta en la dirección, y su equipo de guionistas han elaborado una historia que se percibe divertida y nostálgica a la vez. La estructura narrativa recupera mucha de la dinámica de la cinta de 2006, alternando hábilmente las secuencias de las carreras con las diversas correrías del Rayo y sus camaradas. Precisamente, una las secuencias más conseguidas y graciosas es aquella en que Rayo y Cruz se ven obligados a participar en una competencia de vehículos destructores.

De otro lado, la visita a los amigos de su mentor permite cálidos flashbacks que remiten a la figura del legendario Doc Hudson (con la voz original del fallecido Paul Newman en la versión subtitulada). La oportunidad para McQueen de regresar sobre sus pasos y replantear su futuro inmediato en las pistas se hace necesaria. Asimismo, la posibilidad de ampliar el espectro de la franquicia está dada muy claramente por la presencia de Cruz Ramírez, carismático personaje nuevo -de raíces latinas- que alcanza en el desenlace del relato un singular protagonismo.

Hay que destacar nuevamente y sin ninguna duda el prolijo trabajo de animación de Pixar, que sigue llamando la atención por su impecable uso de una tecnología digital que parece no tener límites. Los diversos escenarios virtuales en los que transcurre la acción son tan reales que se sienten auténticos. Una efectiva labor que ya está sentando pautas para el porvenir del cine, no solo el de animación. Esperemos que para bien.

Dos recomendaciones finales:

  • De ser posible, elegir la versión en inglés y subtitulada al español de la película, para apreciar mejor los matices de las voces originales. El doblaje normalmente neutraliza la expresividad de los personajes y se pierde mucho de la gracia de la aventura.
  • Llegar temprano para no perderse el entrañable cortometraje “Lou” que se proyecta antes de la cinta.

Por Enrique Silva 

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