DEADPOOL 2

Las comparaciones son inevitables y a veces odiosas. Sobre todo cuando se trata de películas originales y sus secuelas, puesto que las segundas partes y subsiguientes -si las hay- casi nunca llegan a superar a la primigenia. Y el caso de “Deadpool 2” frente a su taquillera antecesora de 2016 no es la excepción. El atípico superhéroe de Marvel retorna en una aparatosa continuación.
Llamó la atención en su momento que Tim Miller, realizador del primer “Deadpool”, se apartara del proyecto por diferencias creativas con el protagonista Ryan Reynolds. Sin embargo, en su lugar los productores contrataron a David Leitch, cuyos pergaminos detrás de cámaras no estaban nada mal, especialmente la codirección de la espectacular “John Wick” (2015) y la realización en solitario de la no menos dinámica “Atómica” (2017). El éxito, sin duda, podía percibirse asegurado. De hecho, es muy probable que “Deadpool 2” consiga una aceptación de público similar o mayor que su predecesora. Empero, el resultado se halla por debajo de sus posibilidades.
Las correrías iniciales de Wade Wilson (Reynolds), mercenario aquejado de un cáncer terminal y convertido en un mutante inmortal debido a un experimento secreto, combinaban acción y humor con una peculiar desfachatez. Su relato era una historia de amor, pero también de venganza. Aventura que ilustraba la estrecha relación de Wilson con Vanessa (encarnada por la brasileña Morena Baccarin), la bella chica de sus sueños, y su persistencia en saldar las cuentas pendientes con el enemigo que cambió su vida para siempre. Todo montado sobre una potente maquinaria de efectos visuales digitales, con violentas escenas de acción bien diseñadas, variopintos personajes secundarios, algunos guiños cinéfilos y un afán paródico sin excesos.
La secuela muestra a un Deadpool igual de sarcástico, hablador y bromista, pero la gracia no es la misma y el humor tampoco tiene la chispa de antes. Asimismo, los elementos paródicos se multiplican y no siempre funcionan. Tal vez porque la historia carece de originalidad y el mayor peso narrativo se plasma en la acumulación de secuencias de acción. Hechas con solvencia, por cierto.
Los ecos de “Terminator” resuenan bastante a lo largo de un relato en el que Deadpool se ha propuesto defender la vida de Russell (Julian Dennison), un descontrolado mutante adolescente, al que otro mutante llamado Cable (Josh Brolin), quien viene del futuro, pretende liquidar. El metálico Colossus y la pequeña Negatonic vuelven para apoyar a su colega, pero la colaboradora más significativa y eficaz es Domino (Zazie Beetz), experta luchadora salida de un grupo de improvisados superhéroes, cuya buena suerte resulta tan extravagante como divertida. Principalmente en la larga secuencia de la persecución del vehículo que traslada a varios mutantes (incluyendo uno gigantesco y letal).
Como corolario, la cinta contiene dos relevantes escenas adicionales durante los créditos finales, que nadie debe perderse. Ya saben.
Enrique Silva Orrego

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