La sorpresa de Don Ignacio

Últimamente no tengo tiempo ni para escribir porque mi pequeña Abril me absorbe sin embargo, siempre me doy un tiempito para salir a comer, me encanta hacerlo aunque eso signifique no poder seguir ninguna dieta con éxito. Un día pensé que sería buena idea contarles sobre mis experiencias cuando salgo a comer desde el punto de vista de un usuario común y corriente, un comensal sin mayor experiencia culinaria, lo único que me avala es un buen paladar y un estomago sin fondo, así que comenzamos estos post con Don Ignacio.
Don Ignacio, el restaurante y escuela de aprendizaje de la Universidad San Ignacio de Loyola, que en sus inicios era un lugar que ofrecía una experiencia vivencial a los alumnos de la carrera de cocina ahora es una alternativa más competitiva con una carta llena de sorpresas. El ambiente donde funciona Don Ignacio es pequeño y con una decoración muy acogedora, pocas mesas y pocos mozos.

La carta es variada, prometedora y cumplidora porque de la comida no hay quejas, la sazón muy buena y las porciones justas como para aplacar el hambre.
Para picar:
• Piqueo de Otoño: Causita caliente de rocoto con adobo, pulpito al limón y olivo con yuquitas fritas y tiradito de pescado a la huancaína.
De fondo:
• Paella de Lomo Saltado: Paella mediterránea con lomo saltado, alioli de culantro y aji limo, ensalada fresca de tomate concassé, mermelada de cebolla e hijos de papa huamantanga.
• Pez espada con tortilla de papa en salsa de seco
De postre:
• Travesura de Lúcuma

El adobo del piqueo estaba delicioso, la paella riquísima y el pez espada en su punto pero por desgracia el postre fue una pena. Eran dos canelones de chocolate rellenos de lúcuma pero llegaron dos adoquines en su lugar, congelados e incomibles.
Para que el distraído mozo se diera cuenta de lo que había servido intente partirlo a puro golpe de cuchara, el ruido alertó al mozo quien se llevó el postre y devolvió uno que tenía un canelón con la escarcha propia de un alimento congelado y el otro que al parecer le habían dado un golpe de calor. La explicación del mozo fue aun más increíble: “Me indican que el que está parado esta duro y el que esta echado esta flácido” ¿? Una explicación nada lógica para un postre que estaba muy mal presentado y entre nos, un poco porno sonó esa frase ¿no?.
Otro punto negativo fue la falta de música, me la pase toda la cena escuchando las conversaciones de otras mesas, desagradable, para jalarles las orejas. Una melodía suave sea cual sea ayuda a crear ambiente y mejorar la experiencia.
Al final terminó la cena con sensaciones encontradas porque la comida estuvo muy buena pero el postre, que debe ser siempre el broche de oro, no cumplió con las expectativas. Igual vale la pena visitar a Don Ignacio y disfrutar de sus platos.

Don Ignacio
Calle San Ignacio de Loyola 150, La Molina.
http://www.donignacio.com.pe/
Atención de lunes a viernes de 12:30 a 11 p.m. Sábados de 12:30 a 4 p.m. y de 7 a 11 p.m. Domingos solo almuerzos.

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