LA ESTAFA DE LOS LOGAN

El prolífico Steven Soderbergh es un cineasta hábil, que suele hacerse cargo también de la fotografía y cámara principal de sus películas. Sus mejores trabajos son generalmente dramas sólidamente actuados y ambientados, no exentos de alguna dosis de violencia. Tal es el caso de “Sexo, mentiras y video” (1989), “King of the hill” (1993), “The limey” (1999) y “Behind the candelabra” (2013). Una excepción a esta regla es “Traffic” (2000), ambicioso relato sobre los tentáculos del narcotráfico premiado con el Oscar.
 
El realizador posee igualmente una vertiente escapista, más ligera, en la que ha desarrollado divertimentos como “Ocean’s eleven” (2001) y secuelas, el dinámico “Haywire” (2011) o el reciente “La estafa de los Logan” (Logan lucky), protagonizados generalmente por famosas estrellas.
 
La nueva cinta es una fluida ‘caper movie’ (película de robo o asalto) con mucho sentido del humor. Los hermanos Jimmy y Clyde Logan (Channing Tatum y Adam Driver, respectivamente), desempleado uno y lisiado veterano de guerra el otro, se unen para buscar la manera de llevarse la suculenta recaudación de una importante carrera automovilística en Charlotte (Carolina del Norte) durante la competencia. Atraco para el que contarán con la ayuda de variopintos personajes, entre ellos su hermana menor Mellie (Riley Keough) y el curtido pillo Joe Bang (Daniel Craig en memorable caracterización).
 
Soderbergh apela a mecanismos, fórmulas y estereotipos harto conocidos, con la precisión del artesano que sabe cómo ensamblar -sin equivocarse- las distintas piezas de la maquinaria entre manos. Y lo hace complicando las correrías de los Logan hasta el límite de lo verosímil, con gracia y picardía. La fusión de comedia, relato familiar y aventura de acción no respira mayor originalidad, pero se las ingenia para alcanzar una buena cuota de entretenimiento evasivo.
La aparición, en el tramo final del filme, de una escéptica agente de policía (Hilary Swank) dispuesta a desentrañar el hecho delictivo, resulta apropiada como conclusión de una historia cuyos personajes principales podrían prolongarse en una secuela. Por lo pronto, el pasatiempo cumple su cometido. Soderbergh ha dado nuevamente en el clavo.

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