Mutilación, una realidad.

En el Perú cuando hablamos de violencia contra las mujeres generalmente nos referimos a mujeres golpeadas, ultrajadas o asesinadas por sus parejas o familiares, abusadas por los hombres quienes en ventaja de fuerza imponen su dominio sobre ellas, una realidad innegable pero acaso podemos imaginar una cultura que impone la agresión sobre la mujer promovida por las mismas mujeres, la castración femenina o mejor dicho la mutilación es una forma de violencia aprobada e incentivada por las madres hacia sus hijas, una cadena difícil de romper por creencias religiosas o culturales.
La circuncisión femenina o también llamada mutilación genital, es una práctica muy común en las culturas africanas, lugares como Egipto, Costa de Marfil, Somalia, Tanzania entre otros, casi 20 países africanos inmersos en este ritual.
El nombre científico es la Clitoridoctomía que consiste en la extirpación del Clítoris. En algunos lugares la operación es más drástica y también se extirpan el labio inferior y las dos terceras partes del labio mayor, los cuales se cosen, se abre un nuevo orificio, para que por allí pase la orina, las secreciones menstruales, y también para las relaciones sexuales, el proceso se denomina Infibulación. El objetivo de esta práctica es resguardar la virginidad, impedir la masturbación y el placer durante el acto sexual. Las niñas/adolescentes son conducidas por sus propias madres quienes ven en este acto un gesto de amor para con sus hijas. Aquellas mujeres que no son circuncidadas se les considera indignas y son rechazadas por la comunidad.
Son casi 130 millones de niñas que han sido sometidas a la mutilación genital y se estima que 2 millones son sometidas a este ritual cada año. En muchos casos se realiza sin los cuidados médicos necesarios y con instrumentos no apropiados para ese fin. Se sabe que no se aplica anestesia y se utilizan cuchillos o pedazos de botella, es obvio que el dolor y el sangrado es intenso y en muchas ocasiones las niñas no sobreviven. La recuperación es aun más dolorosa.


Encontré el testimonio de Abdel Majib, quien relata su circuncisión:
“Me la hicieron hace cuarenta años, cuando yo tenía seis años de edad. Una mañana, durante las vacaciones de verano, mi madre me dijo que íbamos a visitar a su hermana en Halfayat (Sudan). Fuimos a su casa, pero después me llevaron a “la casa de ladrillos”. Mientras mi madre golpeaba la puerta, yo trataba de leer el nombre escrito en la puerta. De repente me di cuenta que se trataba de la casa de Hajja Alamin. Ella era la persona encargada de hacer la circuncisión en nuestro vecindario. Quede petrificada y luego trate de arrancar, pero me agarraron entre mi madre y mi tía. Ellas decían que allí me iban a purificar. Hajja era la persona más cruel que yo había conocido… Ordenó a su empleada que fuera a comprar una gillete al almacén cercano. A la fuerza me tendieron en una cama con un hoyo al centro y me ataron a ella. Grité con toda mi garganta. La mujer me dijo: ¿Quieres que venga la policía? Después de esto y sin anestesia, me hicieron la circuncisión. Durante los tres días siguientes no pude comer ni beber. Recuerdo que el tío que supo esto, increpó a mi tía. Mi madre y mi tía se asustaron y decidieron llevarme de nuevo donde la mujer. Con una voz fuerte, me ordenó que me agachara en el piso y que orinara. Me costo mucho por el dolor, pero lo logré. Por mucho tiempo, esto fue muy doloroso. Me demoré mucho en normalizarme”.
Campaña de Amnesty International
La gran contradicción de todo este ritual es que aquellas mujeres que son circuncidadas por lo general son abandonadas por sus parejas quienes prefieren mantener relaciones sexuales con mujeres no circuncidadas y aquellas que no son abandonadas saben que su pareja mantendrá relaciones extramaritales y es que bajo las condiciones en las que quedan luego de la mutilación, las relaciones no son placenteras ni para ellas ni para sus parejas. La mayoría de hombres no esta de acuerdo con esta práctica, sostienen que debería prohibirse y castigarse pero son las mismas mujeres quienes estimulan esta tradición.
Violencia de género producida por el mismo género, un insulto a la condición de mujer ejercida por las mismas mujeres. Las únicas que pueden acabar con esta problemática son las mismas que lo practican, aquellos que no pertenecemos a su cultura solo tenemos el deber de darles la mejor orientación.
En resumen es la batalla entre la tradición y los derechos fundamentales, ojalá y no sea una batalla eterna.

PD: Les dejo este fragmento que pertenece a la película “Flor del Desierto” basada en la vida de Waris Dirie, la primera mujer de color que apareció en la portada de Vogue en Europa y trabajó para las firmas más exclusivas. La película narra el sufrimiento que padeció cuando fue víctima de la ablación y como llego a ser top-model internacional y embajadora especial de las Naciones Unidas de África.

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