Ocho semanas

Mi frejolito

Cuando la alegría viene en un tamaño tan pero tan pequeño, invisible a los ojos pero a la vez tan grande que llena los espacios y desborda toda forma. Es una alegría que congela y activa al mismo tiempo, que guarda silencio y arranca los más hilarantes gritos, es la alegría de volver a ser mamá.

Esta vez ya no hay miedo al que dirán ni a lo desconocido, ya no hay miedo a engordar ni a la soledad, ya no hay miedo a perder la oportunidad soñada, solo hay un tibio miedo al infortunio, ese que uno no puede controlar, un sutil miedo con un apretado espacio en este momento.
Veo su corazón latir, acelerado como el mío y pienso que todo vuelve a empezar después de 16 años pero esta vez no empiezo de cero, algo de entrenamiento tengo. Hasta el momento 4 ó 5 cosas que no volveré a hacer y más de 20 que quiero disfrutar por primera vez.
Mi adolescente en casa ya conoce la noticia y aunque esperaba una tormenta, me sorprendió la enorme calma y ternura con que recibió las buenas nuevas, siempre dejando en claro que su cuarto es su cuarto y marcando los dominios típicos de su edad rebelde. Vi en sus ojos una ilusión contenida y disimulada, recibí con mucha atención sus consejos para esta nueva crianza:
“Mamá, tienes que dejarlo salir con sus amigos, no le digas que no a todo. Tiene que estudiar y hacer sus tareas, pero que no sea chancón o sí, que sea chancón pero no lorna.”
Mi huracán ya conoce la noticia, la familia lo sabe, entonces que lo sepa el mundo, que sepan que voy a ser mamá de nuevo y que ando con el corazón a flor de piel.

Comentarios

share post :
Facebook
Twitter
Pinterest
Instagram
Youtube
Snapchat