“ROSA CHUMBE”: CUANDO LAS IMÁGENES HABLAN

En la película peruana “Rosa Chumbe” las imágenes hablan. De entre las varias cualidades que exhibe, una de las más resaltantes es su capacidad para expresar mucho en poco tiempo (apenas 1 hora y 15 minutos). El joven cineasta Jonatan Relayze Chiang ilustra una realidad cotidiana que golpea. Abordando importantes temas como la disfuncionalidad familiar, el alcoholismo, la incomunicación, la soledad, el aborto, a partir de una historia mínima, el retrato de dos mujeres, madre e hija.

La protagonista, la Rosa Chumbe del título (notablemente encarnada por Liliana Trujillo), es una mujer policía cuya existencia parece atrapada en un círculo vicioso. Su dependencia del alcohol y su ludopatía han hecho que descuide sus labores, por lo que es suspendida. Rosa vive en un modesto hogar con su única hija (Cindy Díaz), madre soltera. Ella no afronta responsablemente la crianza de su hijo y se encuentra súbitamente ante un nuevo y no deseado embarazo. La relación entre ambas es tirante y la falta de comunicación empeora la convivencia.

La puesta en escena se niega a ser explicativa, apuesta por las imágenes antes que los diálogos, que son escuetos. La narración sigue el desplazamiento de los personajes en escenarios interiores precisos (la vivienda, la comisaria, el tragamonedas) y locaciones exteriores que grafican una monotonía, una opacidad desesperante. Estamos ante una crónica de gestos y miradas, de recorridos sin rumbo aparente. Donde el sonido cobra una presencia superlativa, tanto como los silencios y pausas.

Empero, no todo resulta inclemente para la agente del orden. Relayze propone una válvula de escape, suerte de paliativo de tinte surrealista que la saca del letargo e impide su asfixia: un show televisivo humorístico conducido por el popular “Gordo” Casaretto. La ambigüedad se impone, no sabemos cómo llego Rosa a la crítica situación en que se halla, pero no importa. El realizador no solo evita las explicaciones, sino que tampoco juzga a sus personajes porque no es lo esencial, se atreve a mostrar una realidad que se tropieza con lo irreal.

Ante la momentánea ausencia de su hija, Rosa asume el rol de progenitora, se encarga de su nieto. Pasa por una penosa situación dramática que la conduce a la concurrida procesión del Señor de los Milagros. Asoman la religión y la fe. Los pasos de la protagonista se llenan de tristeza y desencanto. El desenlace es tan ambiguo como la mayor parte del relato. ¿Milagro o alucinación dipsómana? Cada espectador debe sacar sus propias conclusiones.

“Rosa Chumbe” ha recibido varios premios internacionales (incluyendo uno de actuación para Liliana Trujillo en el Bafici argentino) . Es una de las mejores películas peruanas de los tiempos recientes. Además, resulta significativo que ingrese a la cartelera local justo después de “La ultima tarde”, de Joel Calero, otro buen ejemplo del cine nacional que queremos ver. Esperamos que el público le dé su respaldo. Lo merece.

Por Enrique Silva 

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