READY PLAYER ONE: COMIENZA EL JUEGO

Steven Spielberg inició su carrera en la televisión. Y su primer largometraje, el estupendo ‘Reto a muerte” (1971), producido originalmente para la pantalla chica, resultó tan bueno que el joven realizador tuvo que rodar escenas adicionales y reeditarlo para su exhibición internacional en cines fuera de Estados Unidos. Desde entonces sus películas han oscilado entre elaboradas aventuras escapistas y diversos dramas que van de lo histórico a lo social, político, bélico y hasta futurista, si consideramos en este último caso a la excelente “A.I. Inteligencia artificial” (2001) como un drama -ya no solo una aventura- de ciencia ficción.
“Ready player one”, su más reciente trabajo, encaja precisamente como una de sus narraciones escapistas, ambiciosa sobre todo a nivel visual. Un dinámico relato fantástico en la línea de muchos de los producidos por su empresa Amblin. No está al nivel de las mejores cintas de este género que ha firmado el famoso y prolífico cineasta, pero constituye un divertimento ilustrado con fluidez y algunos momentos fascinantes.


La acción transcurre en el no muy lejano año 2045. La evasión de la realidad a través de plataformas visuales se ha convertido en el pan de cada día para millones de personas, por descontento, aburrimiento o solo por placer. En este contexto hallamos a Wade Watts (Tye Sheridan), un adolescente que reside en una de las zonas más pobres de la ciudad. Este acostumbra a abstraerse de su entorno a través de ‘Oasis’, la más popular de las plataformas, en la que cualquier fantasía, por más bizarra que pueda parecer, se percibe real. Universo alternativo al que se ingresa obligatoriamente mediante un avatar.

La muerte de Halliday (Mark Rylance), el excéntrico creador de ‘Oasis’, será el punto de partida de un arriesgado juego plagado de acertijos y claves escondidos dentro de su imaginario, variopinto e infinito mundo virtual. La búsqueda de tres llaves mágicas para encontrar un huevo de Pascua y conseguir como premio todo el imperio del difunto. Enorme reto que Wade asumirá ante obstáculos cada vez más difíciles, enfrentando a rivales entre amigables y peligrosos, individuales y corporativos. Todos empecinados en ganar, algunos al precio que sea.

Basada en una novela de Ernest Cline, que el propio escritor ha adaptado junto al guionista Zak Penn, la cinta salta de lo virtual a lo real y viceversa para desarrollar una suerte de videojuego en el que se imponen estereotipos harto conocidos de héroes y villanos, y se cobijan diversas referencias culturales y cinéfilas, especialmente ochenteras, en su incontenible torrente de imágenes. Desde conocidos temas musicales muy puntuales hasta filmes de culto como “Volver al futuro” (1985), de Robert Zemeckis, o “El resplandor” (1980), de Stanley Kubrick. Este último ingeniosamente citado y reformulado en una de las secuencias más inspiradas -acaso la mejor- de toda la película.
La visión nostálgica de Spielberg está presente a lo largo y ancho de un metraje, administrado con una correcta dosis de tensión, que a ratos parece extenderse más de la cuenta y no logra ocultar ciertos rasgos caricaturescos, obvios y ligeros. Llama la atención que el veterano John Williams, cercano colaborador del director, no se haya encargado de la partitura musical. En su reemplazo, Alan Silvestri intenta disimular la ausencia del maestro con una discreta imitación.

Enrique Silva Orrego

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