THE POST : LOS OSCUROS SECRETOS DEL PENTÁGONO

Si “The Post: Los oscuros secretos del Pentágono”, la nueva película de Steven Spielberg, nominada a varios premios Oscar (excluyendo inexplicablemente la candidatura de mejor director), hubiese sido producida hace 40 años, más cercana en el tiempo a la época real de los acontecimientos que cuenta, seguramente estaríamos hablando ahora de un clásico drama sobre periodismo de investigación y libertad de expresión. Lo que ha ocurrido con “Todos los hombres del presidente” (1976), la estupenda cinta de Alan J. Pakula en torno a las pesquisas de dos reporteros del diario Washington Post que destaparon el escándalo Watergate, y determinaron la renuncia irrevocable del presidente Richard Nixon. Película con la que, ciertamente y pese a las décadas que las separan, el trabajo de Spielberg tiene elementos en común.

La verídica historia ocurrió en 1971, antes de Watergate. No se sabía entonces a ciencia cierta que la guerra de Vietnam, uno de los episodios más nefastos en la historia de Estados Unidos, era una intervención militar inútil que estaba llevando injustificadamente a la muerte a miles de soldados de uno y otro bando. Y tampoco se tenía conocimiento de ninguna documentación oficial sobre la real política belicista gubernamental y específicamente sobre el conflicto asiático. Hasta que aparecieron los famosos y secretos ‘papeles del Pentágono’, y cayeron en manos de periodistas del New York Times y el Washington Post. Matutinos que enfrentaron amenazas del gobierno de Nixon para impedir la publicación de la urgente información.

El relato de Spielberg se concentra principalmente en la tenaz lucha de los hombres de prensa del Washington Post por poner en primera plana la relevante noticia -y defender la libertad de informar- en medio de una severa crisis financiera de la empresa. Al frente se hallan dos piezas claves: el editor Ben Bradlee (Tom Hanks) y la dueña del periódico, la viuda Kay Graham (Meryl Streep). Ambos enfrascados en tomar la decisión más apropiada, que no comprometa el futuro del Post o al menos no lo ponga en grave riesgo de desaparecer. El dilema ético y moral se coloca sobre el tapete, pero igualmente se pone en juego la dignidad de una profesión no siempre bien comprendida.

El veterano realizador encuentra el tono preciso para narrar el drama, entre lo privado y lo público, entre la tensión generada por las correrías periodísticas y la propia intromisión de las labores en la esfera cotidiana del hogar. Sobre todo en la casa de Graham, cuya vinculación con las altas esferas del poder hace más difícil para ella optar por publicar o no los documentos. Los espacios están perfectamente delineados, al igual que los movimientos de cámara y la composición de los encuadres. Sin embargo, nada luce calculado o enfático, y las acciones se desarrollan con asombrosa fluidez. La fotografía de Janusz Kaminski es notable, lo mismo que la música de John Williams, eterno colaborador de Steven, siempre en estricta función de la narración.
Resulta particularmente interesante la manera en que Spielberg ilustra las desavenencias entre los periodistas, administrativos y asesores legales del diario. Aquí no hay buenos y malos, las ideas se confrontan, se debaten. Y la necesidad de exponer la verdad finalmente se impone.

A la cabeza del sólido grupo de actores encontramos a Meryl Streep y Tom Hanks. El luce convincente, pero es ella quien se lleva las palmas en un rol que no le permite ningún exabrupto histriónico y modula de manera brillante. Demuestra, una vez más, el por qué es una actriz tan destacada y vigente.

Enrique Silva Orrego

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