Vivir en la selva de cemento

Para los que manejamos estacionarse en un
centro comercial o en cualquier distrito de Lima cada vez es más complicado.
Los espacios son escasos y muchas veces solo te queda como opción no ir en
auto, dejar tu auto en una playa de estacionamiento o estacionarlo lejos de tu
destino final y caminar. Al final no es tan grave porque una solución encuentras.
Lo que sucede cuando tienes una
discapacidad o cuando estás embarazada es totalmente distinto, estacionarse se
convierte en una pequeña batalla, tienes que hacer valer tus derechos para usar
los estacionamientos preferenciales porque (no debería tener la necesidad de
explicarlo) en ese contexto se necesita más espacio para abrir la puerta y
bajar con comodidad.
Muchas veces te llenas de impotencia
cuando pasas por uno de esos estacionamientos preferenciales y ves a una
persona a la que no le corresponde estar ahí, usando el derecho de otros.
Seguro creyendo que así ahorró tiempo en buscar un espacio, el más vivo ¿no?
Pocos actúan cuando no son los afectados, quizás dices para que pelearme y
hacer mala sangre. No es mi rollo y sigues tu camino.
Todo cambia cuando si es tu rollo, como lo
que me sucedió el pasado viernes 04 en el Jockey Plaza (frente a Jockey Salud
donde todos los estacionamientos de las primeras dos líneas son preferenciales)
llegas a tu cita como lo haces cada 15 días y encuentras la misma escena, un
hombrecito estacionado en el espacio para embarazadas. Respiras profundo, te
armas de paciencia y sin ganas de armar un lio le pides al policía (que está
trabajando en su día de franco) que hable con el señor porque ese espacio no le
corresponde. El policía amablemente se acerca y le dice al ciudadano que se ha
estacionado en un espacio para embarazadas, que debe moverse de ahí. ¿Qué creen
que sucede? NADA. Ese ciudadano no hace nada y sigue ahí, ignorando al policía
que seguro quisiera meterle un palazo pero sabe que lo denuncian por abuso de
autoridad.
El hombrecito estacionado en el espacio de embarazadas.

 

Momento en que el amigo policia es ignorado por el hombrecito.

 

Entonces interviene la principal
interesada, la embarazada de casi 7 meses. Se acerca al auto para apoyar al
policía le toca la luna al hombrecito y le dice: Señor, ese espacio es para
embarazadas (señala el cartel) y usted claramente no está embarazado, por favor
ese espacio me corresponde
. Tú piensas que al verte aunque sea por vergüenza se
va a mover ¿Qué creen que sucede? NADA, él sigue ahí estacionado y dice “Yo no
me voy a mover”
, baja de su auto, lo cierra, el policía le pide sus papeles, él
se niega a darlos y se aleja diciendo “Póngame la papeleta si quiere”. Ese es
el momento en que quisieras sacarte la panza, dejarla a un lado y caerle a
trompadas a tremenda bestia pero lo único que pude hacer es gritarle “Ojala tu
madre, tu esposa o tu hija no pasen por esto” y por dentro maldecirlo hasta
su quinta generación.
Placa F9C – 272
Te preguntarás ¿Central Parking del Jockey
Plaza hizo algo? NADA se la pasaron hablando y llamando a un supervisor que
nunca llegó. En resumen, no pasó nada.
Más allá del mal momento y la cólera que
hasta ahora me duran, ese incidente muestra la selva en la que vivimos, todos a
la defensiva, imposibles de confiar en nuestros semejantes y donde no hay lugar
para la buena fe.
Segura estoy que en este momento hay otra
persona batallando para que sus derechos se hagan respetar, lo mío no deja de
ser una raya más al tigre. Lástima.

 

PD: Sobre el vivo del carro, solo bastó la
placa y un poquito de Google para saber que el dueño es tremendo empresario.
Una confirmación más que el dinero no garantiza los valores de una
persona.

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